sábado, 3 de abril de 2010

Palabras de un profano

por Juan Carlos Alarcón


Parecería que los intelectuales en su trabajo de pensar el mundo tienen problemas con el egocentrismo y toman los deseos como realidades. Los intelectuales de la política tampoco escapan a esta tendencia y solo escriben para leerse entre ellos mismos desconociendo el militantismo del terreno y haciendo proposiciones a veces utópicas.

El intelectual es una figura independiente de los poderes a diferencia del experto que trabaja para alguna instancia de esos poderes. Pero hoy los intelectuales de a poco se van convirtiendo en expertos buscando ser evaluados por los mismos aparatos que critican ya sea de la universidad o de sus propios circuitos desconectados de los sectores sociales que se pretende defender.

Cuando irrumpió el psicoanálisis con la teoría de la especulación metafísica de la religión, considerándola como una “neurosis obsesiva de la humanidad”, decían que mataban a Dios, que el psicoanálisis liberaría definitivamente al hombre de la culpabilidad, restaurándolo en su poder sobre su vida y su ética. Hoy, Dios y la religión tienen más fuerza que nunca y las calles se han poblado hasta de sectas de todos los colores.

Luego vinieron los teóricos cuánticos que se sentaban en el sillón de la vanidad y a partir de cálculos matemáticos pretendían explicar y resolver incluso el funcionamiento de los impulsos sensoriales. La mecánica cuántica la aplicaban hasta para hacer el amor.

Luego llegó el turno de los semióticos que buscan desterrar a los dioses para sentarse en su trono con la soberbia de pretender ser la “ciencia de las ciencias”, como buscó argumentar Norman Husserl y, hasta se atreven a decir, que nada hay en la naturaleza que se pueda utilizar o conocer sin pasarla antes por el tamiz semiótico, que sólo entonces se podrá decir: "existe" para alguien. ¿No será demasiada soberbia?

Hoy los intelectuales de la política analizan la realidad del país desde el punto de vista económico queriendo otorgarle una moral a las empresas cuando el rol de la empresa no es moral sino de hacer beneficios. Se habla mucho de los privados de la propiedad sin cuestionar la propiedad privada y la definición de la propiedad social.

La posibilidad de explicar todo a través de interpretaciones es simpática, pero una teoría es más útil cuando se arriesga a fallar, porque si no se buscan criterios intersubjetivos existe poca garantía de la fiabilidad que pueda ponerse en una análisis científico. Y eso pasa por el terreno.

¿Cuándo reconocemos que un conocimiento es científico? A la posibilidad de controlar por los hechos (la experimentación) y que posee una unidad de método sin el cual no se puede definir un criterio general. Pero podemos ser más comprensivos, y decir que cuando no se funda sobra la verificación experimental debería ser sobre la interpretación de las intensiones humanas como sucede con algunas ciencias sociales o la lógica. Sin embargo, deberíamos recordar las palabras de Descartes que “la convicción del conocimiento toca las apariencias y no la realidad misma”

Analizar la pobreza del país a través de los diarios no es otra cosa que tocar las apariencias porque la realidad es lo que ocasiona esa situación. Leyendo a algunos intelectuales políticos me da la sensación de que los pobres nacieron durante el gobierno de los Kirchner ¿Es que antes no había pobreza o es que la situación del 2002 es solo un imaginario de la historia social? Contrario a lo que algunos dicen, yo pienso que sí es necesario judiciar la pobreza porque los que la fabrican tienen nombres y apellidos. Pero mientras no se lleve un debate sobre la Constitución y qué tipo de República queremos los hechos negativos de la sociedad seguirán produciéndose. Pretender crearle una moral al capitalismo es tan risueño como simpático. Pero tan absurdo como querer ponerle sal a la cola de un pájaro en pleno vuelo.

No es mi intención criticar el psicoanálisis ni la mecánica cuántica ni la semiótica en cuanto a técnicas científicas ni a los intelectuales de la política sino la vanidad intelectual de los teóricos que los separa cada vez más de la sociedad y la realidad, y que los reduce a simples personajes donde sólo se aplauden entre sí. Es una cuestión de cómo organizar nuestras representaciones y cómo atribuirle a cada cosa una plaza en un sistema, porque aún hoy en día entre teoría y praxis todavía hay un largo camino. Separarnos de la carcasa de clase media que tanto criticamos tal vez nos podría ayudar un poco más para dejar las apariencias y ser un poco más realistas en las alternativas de cambio.